una estrella de verdad,
una gran estela roja,
que detrás de ella va.
Un niño observó,
la gran estrella roja viajar,
el niño para sí la quería,
al ver su gran luz que resplandecía,
con un beso atrapó la gran estrella
roja, que lo hacía suspirar.
Más un día el niño vió,
que la estrella roja y pura,
la gran estrella de verdad,
su color y su estela perdía,
en el beso que un día
ese niño llegó a dar.
Lloró por días, agonizó por noches,
pero llegó a comprender
que su hermosa estrella
a su lado iba a desaparecer
por tal motivo, tomó a su estrella,
de sus brazos la soltó y
con un gran beso de amor
de ella se separó.
Ahora el niño, desde su ventana
observa su estrella por el cielo
pasar, pensando en los momentos
de felicidad que con su luz iluminó,
esperando que otro niño, en la luz
de su estrella se llegue a cobijar;
aguardando el día que a su lado
llegue la estrella, que junto a él
ha de estar, para así otogar el
beso, que la llene de claridad.
Heriberto Espinoza A.
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