La tarde desfallecía
y las sombrías nubes caían pesadamente sobre mí.
Podía sentir el frío sudor correr por mis sienes.
Los bellos se erizaban abominablemente y
hacían un recorrido por mi floja columna vertebral.
Los pies me pesaban.
***
Un ruido sonoro cayó muy cerca de mí,
para luego con ese terrible murmullo que
sólo la nada puede producir
me provocó espasmos
y la respiración entrecortada
sucumbía ante mí.
***
Podía imaginarme: pálida como el mármol.
Sí yo pudiese definir lo que mis ojos vieron,
tendría que decir que parecía como un
extraño espectáculo de algún mago siniestro,
con capa larga, también parecía un sacerdote hereje,
tenía algo de duro y salvaje, pero semejaba más a un demonio.
***
A lo lejos… los búhos parecían estar inquietos
los lobos aullaban copiosamente, así como mil
ruidos siniestros que salían de pronto del silencio.
***
Finalmente, se acercó a mi
Y con voz gutural pronunció mi nombre y
Dejando ver una leve sonrisa
Pude ver como brillaba bajo la tenue luz de la luna
una gotita roja en la comisura de su muy perfecta y decolorada boca.
***
Ahí mismo, ya no tuve miedo, porque mis
tristes despojos al fin valdrían la pena.
¿Quién puede lidiar con tanta belleza perversa?
Y ahí mismo le hice entrega de mi alma.